03/12/2018 Sin categoría 0

Diamond Flash: las bases autorales de Carlos Vermut

Si hablamos de cine español contemporáneo, es obligatorio detenerse en la obra de Carlos Vermut, uno de los nombres más prometedores de nuestro panorama. En 2014 se ganó el reconocimiento de la crítica y el público con su segundo largometraje, la excelente Magical Girl, que se alzó con los dos principales galardones del Festival de San Sebastián: la Concha de oro a la mejor película y la Concha de plata al mejor director. Ahora, acaba de estrenar su tercer film, Quién te cantará, de nuevo un éxito que le ha colocado en el centro de atención y que se presenta como un plato fuerte de cara a los próximos Premios Goya.

La rápida consolidación de Vermut se debe en gran medida a la fuerte personalidad que logra impregnar en sus películas. Su evolución como cineasta es evidente, y con cada obra explora nuevas formas y perfecciona su estilo, pero en todas ellas consigue mantener unos códigos que ya podemos considerarlos como los rasgos definitorios de su carácter. En este artículo haremos un análisis de algunos de esos elementos presentes en su opera prima, Diamond Flash (2011), y a partir de ellos encontraremos las claves para entender todo su trabajo.

La estructura en capítulos

Diamond Flash se divide en tres capítulos y un epílogo: Familia, Identidad, Sangre y Destellos de diamante. A partir de los títulos podemos entender ya el camino que busca seguir el director. La película habla de lazos sanguíneos, de personajes estancados en sitios y también en otras personas de las que no logran huir y que condicionan sus vidas (ya sea un novio maltratador, un superhéroe o el recuerdo de una hermana muerta). Esta forma de dividir la cinta nos recuerda un poco a las entregas numeradas de los cómics, una referencia clave en la obra de Vermut que comentaremos más adelante.

Para Magical Girl, Vermut retoma esta división en 3 partes, que ahora titula Mundo, Demonio y Carne. En esta ocasión, los títulos sugieren una mayor trascendencia y madurez, también quizás un cariz más oscuro. El halo de misterio que ya sobrevolaba Diamond Flash alcanza una expresión más elevada en su segunda película, en la que el enfrentamiento con los misterios de la condición humana no es ya un objetivo al que se llega a través de determinados acontecimientos guionizados, sino el acontecimiento en sí mismo, la columna vertebral de toda la acción.

Las vidas que se entrelazan

En Magical Girl, el concepto del puzle funciona como leit motiv. A lo largo de la película vamos conociendo a una serie de personajes que entran de forma azarosa en la vida de los demás, y las acciones de unos afectan irremediablemente a los otros. En Quién te cantará está presente también este tema: Violeta (Eva Llorach) irrumpe en la vida de Lila (Najwa Nimri), y viceversa, hasta el punto de que se convierten casi en la misma persona.

Vermut ya nos mostró en Diamond Flash su obsesión por las historias entrelazadas. Partiendo de un acontecimiento clave, la desaparición de una niña, el director presenta con cuentagotas a toda una amalgama de personajes a los que no conocemos de golpe, sino que poco a poco descubrimos cuál es su papel en el entramado de la acción. Gracias a esta técnica, el espectador se mantiene en una constante búsqueda (a menudo frustrada) de explicaciones, de querer saber más. Uno de los personajes incluso llega a verbalizarlo: “El problema de la gente en general es la necesidad que tienen de comprenderlo todo. Tienen que tenerlo todo controlado. Si no, se vuelven inseguros, débiles”. Vermut juega en todas sus películas con esta inseguridad para generar una sensación concreta en los espectadores. No se centra tanto en ofrecer respuestas, sino en provocar nuevas preguntas.

La cultura popular

Cuando mencionamos la influencia de la cultura popular en la obra de Carlos Vermut no estamos hablando de costumbrismo, tablaos flamencos y fiestas regionales. Uno de sus grandes aciertos como director es precisamente atreverse a incluir en sus películas elementos del imaginario colectivo contemporáneo, a menudo pertenecientes al ámbito de la telebasura más cutre e incluso de youtube, que aportan a sus películas un tono de humor tan negro como absurdo y con los que consigue, además de equilibrar la balanza de intensidad de sus guiones, acercarse al público joven.

Así, en Quién te cantará nos encontramos por ejemplo a una Natalia de Molina arrolladora cuyo personaje está inspirado en Dakota, una adolescente más que problemática cuya aparición en el programa Hermano Mayor se hizo viral. Por otra parte, en Magical Girl el humor negro es constante (el ataque de risa de Bárbare Lennie imaginándose que tira al bebé de sus amigos por la ventana es uno de los mejores momentos del cine español contemporáneo), pero también hay hueco para el absurdo y lo cutre. Cuando Luis entra por primera vez en la casa de Bárbara, esta le comenta que estaba viendo un reportaje en la tele sobre una señora en Valencia que siempre entra al portal con una bolsa de plástico en la cabeza porque dice que su vecina le tira cubos de orina. ¿Quién no ha visto alguna vez el reportaje de las vecinas de Valencia? Este tipo de humor ya se aprecia en Diamond Flash (desde el friki del bar que ve vídeos de monos japoneses, hasta la chica que sueña con Rocío Durcal y Rocío Jurado), y podemos afirmar sin duda que se trata de uno de los rasgos distintivos de Vermut.

El cómic y la cultura japonesa

La influencia del cómic en las películas de Vermut es evidente. Él mismo afirmaba en el programa Días de cine, al hablar de Magical Girl, que llevaba desde los 15 años dibujando cómics, y que si bien sus novelas gráficas tenían un carácter marcadamente cinematográfico, también ocurre al revés en sus películas. El director confiesa encontrarse en un punto intermedio entre el cine y el cómic.

En Magical Girl podríamos decir que el anime es el detonante de la trama: todo empieza porque la hija de Luis, una niña enferma de leucemia, quiere que su padre le compre el vestido de su personaje de anime favorito, Magical Girl Yukiko. En Quién te cantará, aunque de forma menos evidente, también podemos apreciar la obsesión de Vermut por Japón. De hecho, la trama en sí misma bebe mucho de la cultura nipona contemporánea: el fenómeno fan extremo, los límites de la obsesión de las personas por un cantante famoso, son elementos que en mayor o menor medida asociamos con el país del anime. En el caso de Diamond Flash, el superhéroe que da nombre a la película es directamente un personaje de cómic.

El valor de la opera prima de Carlos Vermut, si bien ya logró en su momento llamar la atención debido a la personalísima visión del director que comentábamos al inicio del artículo, se encuentra sobre todo tras ver sus dos otros filmes. En el año 2011, el cineasta madrileño invirtió todos sus ahorros (20.000€), juntó a un puñado de actores entonces desconocidos, cogió una cámara de fotos que permitía capturar vídeo, y en su propia casa, la casa de un amigo y un hotel abandonado rodó una película de 128 minutos con la que parecía estar diciendo “estoy aquí, tengo una forma concreta de ver y plasmar las cosas, quiero hacer cine y lo voy a conseguir”. Y el tiempo le ha dado la razón.

En el Craft Film Festival queremos ofrecer un espacio para los directores como Carlos Vermut. Queremos creadores valientes, que sean capaces de parir obras complejas contando con lo mínimo. Que tomen todos sus recursos, por pocos que sean, y se hagan oír. Que desde el primer plano de su primera película nos enseñen su personalidad, sus inquietudes, sus intereses, su estilo. Si Vermut no se hubiera atrevido a dar este paso, hoy no podríamos estar hablando de uno de los directores más prometedores ya no solo del cine español, sino del cine contemporáneo en general.



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Sebastián Blanco: