29/11/2017 Sin categoría 0

La Nueva Ola Checoslovaca de cine y el Feminismo

Muy próxima a las raíces del Surrealismo original de autores como Buñuel, Jean Cocteau o Germaine Dullac y al Poetismo checo, tanto en forma como en contenido, la Nova Vlná (Nueva Ola) surgió a principios de los años 60 en la antigua Checoslovaquia y, sorprendentemente, no solo se convirtió en el movimiento artístico más influyente del país, sino que su éxito traspasó todas las fronteras cinematográficas y colocó a un país y un cine al que nadie prestaba atención en el foco de la Academia del cine estadounidense. En 1965, Ján Kadár y Elmar Klos se llevaban el Oscar por La tienda de la Calle Mayor, y dos años más tarde, en 1967, Jiří Menzel hacía lo propio con la delirante Trenes rigurosamente vigilados, película altamente recomendable para aquellos que se estén iniciando en el post-Surrealismo checoslovaco.

       Trenes rigurosamente vigilados – Jiří Menzel

El contexto que llevó a una industria tan pequeña, y a un grupo de películas que de estrenarse hoy se moverían en los márgenes, a convertirse en uno de los grandes exponentes de la vanguardia cinematográfica e incluso conquistar las altas esferas del cine mainstream, está claro: a principios de los 60, Praga se convirtió en el foco de liberación dentro del régimen de la URSS. La corriente surrealista es la reacción natural de los cineastas contra el realismo soviético, que se preocupaba más de su función propagandística que de su calidad artística. Teniendo en cuenta esto, no es de extrañar que las películas de la Nueva Ola Checoslovaca tengan, implícita o explícitamente, una fuerte carga política. Desde la libertad sexual hasta el existencialismo, este cine pasa por determinados puntos entonces revolucionarios, y hay uno notablemente recurrente en el que nos centraremos hoy: el feminismo.

Si hablamos de cine checo y feminismo, un nombre nos viene inmediatamente a la cabeza: Věra Chytilová. En 1966, al mismo tiempo que la película de Menzel ganadora del Oscar, se estrenaba la obra cumbre de la directora, Las margaritas. El carácter subversivo de esta película, con una elevada carga feminista no siempre reconocida ni por la propia autora ni por los analistas y críticos que la estudiaron, ha llegado hasta nuestros días como una bomba de relojería, y conserva el mismo efecto que tenía cuando vio la luz por primera vez hace exactamente medio siglo. El film es, a todas luces, un ejemplo clave de la corriente tardosurrealista que recorrió el cine checo de aquellos años.

Aunque, como ya hemos dicho, no haya consenso en declarar la película un alegato feminista, no hay más que verla para entender que no cabe ninguna duda al respecto. La simbología que recorre las imágenes y los diálogos, aparentemente arbitrarios e inconexos, es un constante bombardeo ideológico subversivo. Desde el comienzo mismo de la película, las dos protagonistas se posicionan frente al mundo: si el mundo está mal, nosotras también estaremos mal. Las imágenes del prólogo en que concluyen esta máxima enlazan con las imágenes de un prado con un árbol frutal en el centro. Esta secuencia es una parodia clara del mito del jardín del Edén, presentado en el libro del Génesis del Antiguo Testamento, obra que constituye uno de los pilares fundamentales de la sociedad occidental y que tiene una perspectiva indudablemente machista.

 Las margaritas – Věra Chytilová

La alusión explícita por parte de Chytilová a este fragmento de la Biblia nos lleva a reflexionar sobre su importancia en relación con el resto del film. El destino de las dos protagonistas es, no cabe duda, similar al de Adán y Eva en el libro sagrado: una vez tomado el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, el único rumbo que pueden seguir es el de la muerte. No obstante, esta secuencia no sirve solamente como anticipación, sino que la cineasta hace a su vez un comentario sobre la historia a la que alude. Es significativo, pues, que las dos protagonistas aquí sean dos mujeres, y no un hombre y una mujer, igual que parece relevante su comportamiento absurdo frente al árbol de la ciencia, como si se mofaran del mito bíblico en una actitud de presumible rebeldía feminista.

Este comienzo memorable nos prepara para un humor ácido y crítico que no hará más que subir. A medida que avanza la película, diálogos, imágenes y línea argumental (si es que existe alguna en todo el metraje) se disparan como balas contra el status quo de los hombres. Las protagonistas comienzan a quedar con varones mayores que ellas, algunos incluso podrían ser sus padres, que claramente tienen intenciones sexuales con las jóvenes. Ellas, sin embargo, se aprovechan de estos para que las inviten a comer a sitios caros, y después desaparecen. Es una especie de venganza infantil, de rebelión adolescente. Pero el momento más explícito, y también uno de los más geniales, llega más o menos a mitad de la película. Tras proponerle una a la otra “vamos a hacer algo grande, ¿vale?”, las protagonistas aparecen en su apartamento, cortando, pinchando y prendiendo fuego a salchichas, plátanos, cruasanes… La simbología fálica y el carácter feminista intrínseco quedan claros, ¿no?

 Las margaritas – Věra Chytilová

Las margaritas, aunque quizás fue la más radical en este aspecto y sin duda una de las más influyentes en todo el cine posterior, no solo en la Nova Vlná sino en todo el cine internacional hasta nuestros días, no fue la única en abordar la opresión de la mujer. Otro buen ejemplo lo encontramos en Valerie y su semana de las maravillas (1970), de Jaromil Jireš. Esta película, rodada ya durante la dura represión soviética que desencadenó la Primavera de Praga, es una adaptación de una novela de Vítězslav Nezval, que a su vez posee una fuerte influencia del clásico Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll. La obra funciona como una miscelánea de cuento infantil, sacerdotes vampiros, abuelas conservadoras y menstruación.

Valerie… narra el despertar sexual de una adolescente en forma de pesadilla. En ella, la joven protagonista va pasando por una serie de vivencias que representan el descubrimiento de diferentes formas de sexualidad, y el enfrentamiento de estas con los principios morales que le han sido impuestos. Igual que en la película de Chytilová, el conjunto de las imágenes está vertebrado por el pensamiento anti machista y la liberación de la mujer. El metraje comienza con un sueño de Valerie, que camina por un campo de margaritas. En delicados planos detalle, vemos gotas de sangre caer sobre los pétalos blancos de las flores, que implican el despertar sexual de la niña, su primera menstruación. A partir de ahí, una serie de personajes entran en su vida como prototipos de figuras opresoras o liberadoras, siempre con respecto a su sexualidad.

Valerie y su semana de las maravillas – Jaromil Jireš

Por un lado, tenemos a la abuela, que a su vez es su madre y a la vez su prima (esta forma de condensar varios personajes en uno solo bebe directamente de los preceptos surrealistas). Se trata de una figura de contención, que impone la moral religiosa sobre la adolescente, pero que en ocasiones también representa la corrupción y la tentación de la misma. Por otro lado, está el obispo, que es a la vez un vampiro y a la vez su padre. Su papel en la película es similar al de la abuela, pero llevado más aun al extremo, lo cual se evidencia en la relación ambigua que mantiene Valerie con él. Además, están también Orlik, su amado pero también su amante, punto de ayuda para la protagonista, pero ensuciado también por el carácter paternalista de protección, que sin duda tiene tintes machistas; y la joven novia, una chica obligada a casarse con un hombre mucho mayor que ella, que representa la pérdida de la juventud y que tiene un encuentro sexual con Valerie, que sirve único momento de liberación sexual real, y en el que es significativo que el hombre esté excluido.

De nuevo, igual que en la película anteriormente comentada, en esta hay momentos clave que evidencian la carga feminista de la obra. Uno de ellos llega después de que un sacerdote trate de abusar sexualmente de Valerie. Cuando está a punto de hacerlo, Valerie se desvanece y se muere, lo que hace al sacerdote salir huyendo. Sin embargo, la protagonista no muere realmente gracias a unas perlas protectoras que le ha dado Orlik. Al ver que está viva, el sacerdote convence al pueblo de que es una bruja, y les dice que ha tratado de seducirlo. Entonces, prenden a la niña y la atan a una pira, a la que prenden fuego. El director nos remite con esta imagen a las películas de Dreyer, pero sin perder la clave delirante e incluso cómica que caracteriza esta película. Se podría decir que la reacción de Valerie frente a sus verdugos es uno de los gritos feministas mejor conseguidos de la historia del cine: mientras encienden la hoguera en la que ha de ser quemada, Valerie no grita, sino que saca la lengua y se burla de quienes están abajo.

Valerie y su semana de las maravillas – Jaromil Jireš

Estas dos películas no son más que un breve acercamiento a toda una década de creación desenfrenada sin precedentes en la cinematografía checa. Con la entrada de los tanques en Praga en 1968 tras el Pacto de Varsovia, la represión pseudocomunista del régimen soviético volvió a apoderarse de todos los ámbitos de la vida en Checoslovaquia, incluyendo su cine. Cineastas como Chytilová fueron apartados de su puesto de trabajo y se les prohibió durante años hacer cine. Películas como estas dos fueron censuradas y prohibidas, por lo que no pudieron ver la luz hasta años más tarde. Sin embargo, su influencia y su legado continuaron gestando obras rebeldes en la República Checa, como Alice de Jan Švankmajer (1988), ahora de nuevo relegadas a un circuito underground. De esta forma, en apenas diez años se pudo ver en este pequeño país del centro de Europa cómo un cine radical, auténtico y libre dio voz a movimientos como el Feminismo, se apoderó de las grandes estructuras comerciales, y volvió a caer en la marginación por los caprichos de un régimen político opresor. ¿Volveremos a ver en algún momento al cine underground, que da sentido al nuestro festival, alzarse por encima de los circuitos de la gran industria?



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